Se conoce también como estimulación oportuna y su objetivo es brindar al niño o a la niña una amplia gama de experiencias, las cuales puedan servir como un canal para el desarrollo del aprendizaje. La estimulación temprana u oportuna no pretende presionar o adelantar a los niños y niñas para que desarrollen habilidades o conocimientos, sino que pretende optimizar este desarrollo, pues se basa en la afirmación de que todo aprendizaje está basado en experiencias previas; por lo tanto, lo que busca es proporcionar a los niños y niñas éstas experiencias previas que aseguren un aprendizaje más significativo.
¿Cuál es la edad apropiada para trabajarla?
La estimulación temprana debe iniciarse de manera espontánea en casa. El contacto entre la madre y el niño o niña desde el nacimiento es fundamental, ya que brinda una gran cantidad de experiencias al niño o niña que son de mucha importancia para su conocimiento del mundo. Se considera pertinente comenzar a trabajar con estimulación temprana a partir de los 4 meses de edad, ya que antes de este momento, el niño o niña apenas se está adaptando a su hogar, las personas que le rodean y al mundo en general.
Es importante que la estimulación se de en orden coherente con el desarrollo del niño o niña, empezando por el hogar, conociendo su espacio, las personas que lo rodean, sus mascotas y sus propios juguetes. Posteriormente, se puede comenzar una estimulación fuera del hogar.
Importancia de la Estimulación Temprana
Desde antes del nacimiento, el niño o la niña ya realiza conexiones neuronales, a las cuales se les conoce como sinapsis. Este proceso de conexiones dura hasta los seis o siete años de vida del niño o niña, y después de esto, ya no se crearán más circuitos de este tipo. Es por esto, que debemos aprovechar este momento para conseguir la mayor cantidad de conexiones posibles por medio de la estimulación, de manera que en el futuro, los circuitos se regeneren y permitan la adquisición de nuevos conocimientos.
¿Cómo se trabaja?
Los bebés participan y aprenden de manera activa en el mundo. Ellos experimentan con él y, de esta manera, conocen el funcionamiento de los objetos y situaciones; así, les es posible llevar a cabo sus propias interpretaciones. El bebé logra descubrir su entorno al experimentar cómo su mundo afecta su cuerpo; he aquí la importancia de las sensaciones en el aprendizaje. Cuando el niño o la niña toca, huele o prueba algo, comienza a explorarlo y a entender la relación causa- efecto, así como cuando tira un objeto y lo hace repetidas veces. Con estas acciones los niños observan las consecuencias de sus actos.
El niño o la niña desde que nace hasta los dos años y medio aproximadamente se encuentra en la etapa llamada sensorio-motriz, lo cual significa que conoce y aprende de su mundo a través de los sentidos; así, va recopilando información acerca de sus experiencias, las cuales aplica luego a la realidad. De ahí la importancia de trabajar en las clases con texturas, colores, comida, olores, juegos, canciones y demás actividades que optimicen este aprendizaje y lo conviertan en algo tangible y significativo para los niños y las niñas.
En el proceso de aprendizaje de un bebé se toman en cuenta cuatro áreas de desarrollo:
- la socio afectiva, que tiene que ver con la capacidad del niño de socializar y conocerse a sí mismo;
- él área motriz, que se refiere al desarrollo de los movimientos finos y gruesos que realiza el ser humano con el cuerpo;
- el área cognitiva, donde se toma en cuenta la adquisición de conocimientos, capacidad de razonar y de resolver problemas; y, por último,
- él área lingüística, la cual se refiere al proceso de adquisición y perfección de la lengua, así como a las habilidades comunicativas del ser humano.
Es importante tener en cuenta que el trabajo realizado por medio de la estimulación temprana debe tener objetivos claros y tener en cuenta las cuatro áreas de desarrollo que conforman al niño; además, debe haber un equilibrio entre dichas áreas para que el niño o niña adquiera un desarrollo integral y se evite así la sobreestimulación, la cual podría desembocar en resultados contrarios a los que se espera lograr mediante la estimulación oportuna.
Al enseñar una nueva lengua a niños y niñas entre las edades de 0 a 3 años se deben tomar en cuenta los siguientes aspectos:
Es recomendable trabajar en grupos pequeños o de manera individual, ya que a esta edad, los niños y niñas no poseen la misma capacidad de concentración que otros niños y niñas mayores. Además, apenas están empezando a comprender reglas sociales tales como compartir, esperar el turno, pedir los objetos que se desean en lugar de arrebatarlos, entre otros que podrían convertirse en factores distractores durante la lección. Por otro lado, el grado de atención y entendimiento de un niño o niña a esta edad tiene mucho que ver con la cercanía a la que se encuentre su maestra a la hora de comunicarse con él o ella, y los grupos pequeños y clases individuales permiten un acercamiento adecuado.
